Mujeres triple X
Que no les gusta, que les cambia el humor, que ‘entonces yo no le alcanzo’, que está todo trucado. Todo eso y mucho más, es, a grandes rasgos, lo que dicen las mujeres cuando se habla de pornografía.
Pero, cuánto de lo que se dice es preconcepto cultural y cuánto hay de verdad. Tradicionalmente, se establece que los varones enfocan sus tendencias eróticas en estímulos que van directo a la carne y que en cambio, las mujeres, se mueven en torno a la ternura y la amorosidad. Esta posición ideológica relega el tránsito por franjas eróticas más amplias y expandidas a las mujeres que están fuera del sistema aceptado: léase, las prostitutas.
Así como muchas de las diferencias sociales y culturales han mutado y caído a partir del inmenso desarrollo del género en las últimas décadas, también el abordaje de la sexualidad y las posibilidades otorgadas al deseo femenino se han ampliado.
Estos cambios no cancelan las diferencias sino las desigualdades y dejan sumar e integrar los recursos eróticos de ambos géneros. Las mujeres pueden ahora develar prejuicios, imaginar y jugar el juego que propone la pornografía como recurso sexual.
La pornografía actual está mostrando algo que antes sólo existía en el clandestino mundo masculino de prostitutas y amantes. Nunca con la mujer “de la casa”. Ahora, ellas también se atreven a habilitar los mismos permisos en su sexualidad. El tiempo pasó, el intercambio de roles se profundizó y, por qué no, esa indiscreción tan femenina se volvió inevitable, haciendo de puerta de entrada a otros mundos.
En la sexualidad, todo lo que sume al objetivo del placer de la pareja en tanto no afecte negativamente a ninguno de los dos, todo lo que alimente el vínculo, todo lo que expanda y libere; tarde o temprano terminará siendo bienvenido.
Celeste Fasbbinder
BWN
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