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  • Binner feliz y sodomizado por Monsanto

    El "medico" Binner miente sobre los efectos adversos que provoca el Round Up Ready de Monsanto y su principal componente, el glifosato. Pero esto es solo la punta del Iceberg. Los cultivos geneticamente modificados de Monsanto, que se esparcen en Santa Fe sin control, son en sí mismos semilleros de productos cancerígenos. La soja transgenica produce tumores cerebrales, todos los tipos de cáncer que existen, infertilidad, abortos espontáneos y malformación fetal. Los pesticidas son solo otro condimento del modelo económico genocida de Binner, gobernador de Santa Fe, quien disfruta al ser sodomizado por Monsanto.

    "Le dicen caballo manso", señala un santafecino que tiene una propiedad aledaña a una plantación sojera de semillas terminator. "porque se lo monta cualquiera" (en relación a Monsanto).

    Tal es el repudio que Binner ha cosechado en su propia provincia al reírse de la pequeña Julieta Sandoval quien falleció recientemente por exposición al glifosato.

    “El glifosato estimula la muerte de las células de embriones humanos”

    Confirmó los efectos letales del herbicida en células humanas de embriones, placenta y cordón umbilical. Alertó sobre las consecuencias sanitarias y ambientales, y exigió la realización de estudios públicos sobre transgénicos y agrotóxicos. Cuando dio a conocer sus investigaciones, recibió críticas y desacreditaciones.

    Gilles-Eric Seralini es especialista en biología molecular, docente de la Universidad de Caen (Francia) y director del Comité de Investigación e Información sobre Ingeniería Genética (Criigen). Y se ha transformado en un dolor de cabeza para las empresas de agronegocios y los defensores a ultranza de los OGM (Organismos Genéticamente Modificados –transgénicos–). En 2005 descubrió que algunas células de la placenta humana son muy sensibles al herbicida Roundup (de la compañía Monsanto), incluso en dosis muy inferiores a las utilizadas en agricultura. A pesar de su frondoso currículum, fue duramente cuestionado por las empresas del sector, descalificado por los medios de comunicación y acusado de “militante verde”, entendido como fundamentalismo ecológico. Pero en diciembre pasado volvió a la carga; la revista científica Investigación Química en Toxicología (Chemical Research in Toxicology) publicó su nuevo estudio, en el que constató que el Roundup es letal para las células humanas. Según el trabajo, dosis muy por debajo de las utilizadas en campos de soja provocan la muerte celular en pocas horas. “Aun en dosis diluidas mil veces, los herbicidas Roundup estimulan la muerte de las células de embriones humanos, lo que podría provocar malformaciones, abortos, problemas hormonales, genitales o de reproducción, además de distintos tipos de cánceres”, afirmó Seralini a Página/12 desde su laboratorio en Francia. Sus investigaciones forman parte de la bibliografía a la que hace referencia el Comité Nacional de Etica en la Ciencia en su recomendación para crear una comisión de expertos que analice los riesgos del uso del glifosato.

    El investigador había decidido estudiar los efectos del herbicida sobre la placenta humana después de que un relevamiento epidemiológico de la Universidad de Carleton (Canadá), realizado en la provincia de Ontario, vinculara la exposición al glifosato (ingrediente base del Roundup) con el riesgo de abortos espontáneos y partos prematuros. Mediante pruebas de laboratorio, en 2005, Seralini confirmó que en dosis muy bajas el Roundup provoca efectos tóxicos en células placentarias humanas y en células de embriones. El estudio, publicado en la revista Environmental Health Perspectives, precisó que el herbicida mata una gran proporción de esas células después de sólo dieciocho horas de exposición a concentraciones menores que las utilizadas en el uso agrícola.

    Señalaba que ese hecho podría explicar los abortos y nacimientos prematuros experimentados por trabajadoras rurales. También resaltaba que en soluciones entre 10 mil y 100 mil veces más diluidas que las del producto comercial ya no mataba las células, pero bloqueaba su producción de hormonas sexuales, lo que podría provocar en fetos dificultades en el desarrollo de huesos y el sistema reproductivo. Alertaba sobre la posibilidad de que el herbicida sea perturbador endocrino y, por sobre todo, instaba a la realización de nuevos estudios. Sólo obtuvo la campaña de desprestigio.

    En 2007 difundió nuevos avances. “Hemos trabajado en células de recién nacidos con dosis del producto cien mil veces inferiores a las que cualquier jardinero común está en contacto. El Roundup programa la muerte de las células en pocas horas”, había declarado Seralini a la agencia de noticias AFP. Resaltaba que “los riesgos son sobre todo para las mujeres embarazadas, pero no sólo para ellas”.

    En diciembre último, la revista norteamericana Investigación Química en Toxicología (de la American Chemical Society –Sociedad Química Americana–) le otorgó a Seralini once páginas para difundir su trabajo, ya finalizado. Focalizó en células humanas de cordón umbilical, embrionarias y de la placenta. La totalidad de las células murieron dentro de las 24 horas de exposición a las variedades de Roundup. “Se estudió el mecanismo de acción celular frente a cuatro formulaciones diferentes de Roundup (Express, Bioforce o Extra, Gran Travaux y Gran Travaux Plus). Los resultados muestran que los cuatro herbicidas Roundup, y el glifosato puro, causan muerte celular. Confirmado por la morfología de las células después del tratamiento se determina que, incluso a las más bajas concentraciones, causa importante muerte celular”, denuncia en la publicación, que precisa que aun con dosis hasta diez mil veces inferiores a las usadas en agricultura el Roundup provoca daño en membranas celulares y muerte celular. También confirmó el efecto destructivo del glifosato puro, que en dosis 500 veces menores a las usadas en los campos induce a la muerte celular.

    Gilles-Eric Seralini tiene 49 años, nació en Argelia, vive en Caen, investiga la toxicidad de variedades transgénicas y herbicidas, es consultor de la Unión Europea en OGM y es director del Consejo Científico del Comité de Investigación e Información sobre Ingeniería Genética (Criigen). “He publicado tres artículos en revistas científicas norteamericanas de ámbito internacional, junto con investigadores que hacían su doctorado en mi laboratorio, sobre la toxicidad de los herbicidas de la familia del Roundup sobre células humanas de embriones, así como de placenta, y sobre células frescas de cordones umbilicales, las cuales llevaron a los mismos resultados, aunque fueran diluidas hasta cien mil veces. Confirmamos que los herbicidas Roundup estimulan el suicidio de las células humanas. Me especializo en los efectos de los OGM y sabemos que el cáncer, las enfermedades hormonales, nerviosas y reproductivas tienen relación con los agentes químicos de los OGM. Además, estos herbicidas perturban la producción de hormonas sexuales, por lo cual son perturbadores endocrinos”, afirma Seralini.

    “El glifosato es menos tóxico para las ratas que la sal de mesa ingerida en gran cantidad”, señalaba hace una década la publicidad de Monsanto, citada en la extensa investigación periodística El Mundo según Monsanto, de Marie-Monique Robin. En el capítulo cuatro, llamado “Una vasta operación de intoxicación”, Seralini es contundente: “El Roundup es un asesino de embriones”. Hecho confirmado con la finalización de sus ensayos, en diciembre de 2008.

    La contundencia y difusión del trabajo provocaron que la compañía de agrotóxicos más poderosa del mundo rompiera su silencio –a pesar de que su política empresarial es no responder estudios o artículos que no le sean favorables–. Mediante un comunicado, y ante la agencia de noticias AFP, Monsanto Francia volvió a deslegitimar al científico. “Los trabajos efectuados regularmente por Seralini sobre Roundup constituyen un desvío sistemático del uso normal del producto con el fin de denigrarlo, a pesar de que se ha demostrado su seguridad sanitaria desde hace 35 años en el mundo.”

    La antigüedad del producto en el mercado es el mismo argumento utilizado en la Argentina por los defensores del modelo de agronegocios. Las organizaciones ambientalistas remarcan que esa defensa tiene su propio callejón sin salida. El PCB (químico usado en transformadores eléctricos y producido, entre otros, por Monsanto) también se utilizó durante décadas. Recibió cientos de denuncias y se lo vinculó con cuadros médicos graves, pero las empresas continuaban defendiendo su uso basado en la antigüedad del producto. Hasta que la presión social obligó a los Estados a realizar estudios y, con los resultados obtenidos, se prohibió su uso. “Con el glifosato pasará lo mismo”, retrucan las organizaciones.

    –Luego de una investigación en la Argentina del doctor Andrés Carrasco, en la que confirmó el efecto devastador en embriones anfibios, las empresas del sector reaccionaron con intimidaciones, amenazas y presiones. ¿Le suena familiar?

    –Sí, y mucho. Con mis investigaciones las empresas también reaccionaron muy mal. En lugar de criticar a los investigadores, una gran empresa responsable que no tiene ninguna capacitación en toxicología tendría que ponerse en duda e investigar. En diciembre de 2008, cuando se publicó nuestro último artículo, el Departamento de Comunicación de Monsanto dijo que estábamos desviando el herbicida de su función, ya que no fue hecho para actuar sobre células humanas. Este argumento es estúpido, no merece otro calificativo. Es muy sorprendente que una multinacional tan importante admitiera, con ese argumento, que no conduce ensayos de su herbicida con dosis bajas sobre células humanas antes de ponerlo en el mercado. Se debiera prohibir el producto nada más que por ese reconocimiento corporativo.

    –¿Cuál fue el papel de los medios de comunicación en sus descubrimientos?

    –Diarios y televisiones han hablado de nuestros estudios, dan cuenta de que el mundo está deteriorándose a causa de estos contaminantes y que muchas enfermedades desencadenadas por productos químicos ya se ven también en los animales y reducen dramáticamente la biodiversidad. Pero también hay que tener presente que el lobby de las empresas es muy fuerte, hacen llegar a los medios de comunicación informaciones contradictorias que finalmente desinforman a la opinión pública e influyen en gobiernos.

    En 1974, Monsanto había sido autorizada a comercializar el herbicida Roundup, “que pasaría a convertirse en el herbicida más vendido del mundo”, se ufana la publicidad de la empresa. En 1981 la compañía se estableció como líder en investigación biotecnología, pero recién en 1995 fue aprobada una decena de sus productos modificados genéticamente, entre ellos la “Soja RR (Roundup Ready)”, resistente al glifosato. Monsanto promocionaba el Roundup como “un herbicida seguro y de uso general en cualquier lugar, desde céspedes y huertos hasta grandes bosques de coníferas”. También sostenía que el herbicida era biodegradable. Pero en enero de 2007 fue condenada por el tribunal francés de Lyon a pagar multas por el delito de “publicidad engañosa”. Los estudios de Seralini fueron utilizados como prueba, junto a otras investigaciones. La Justicia de Francia hizo eje en la falsa propiedad biodegradable del agrotóxico y hasta dio un paso más: afirmó que el Roundup “puede permanecer de forma duradera en el suelo e incluso extenderse a las aguas subterráneas”.

    Frente a la campaña de desprestigio, Seralini recibió el apoyo de la Procuración General de Nueva York (que había ganado otro juicio contra Monsanto, también por publicidad engañosa). La revista científica Environmental Health Perspectives publicó un editorial para destacar sus descubrimientos y la revista Chemical Research in Toxicology propuso publicar el esquema completo del modo de acción toxicológico. “Monsanto siempre entregó estudios ridículos sobre el glifosato solo, mientras el Roundup es una mezcla mucho más tóxica que el glifosato solo. El mundo científico lo sabe, pero muchos prefieren no ver o atacar los descubrimientos. Sin embargo, la empresa sostenía que era inocuo. Hemos confirmado que los residuos de Roundup representan los principales contaminantes de las aguas de los ríos o de superficie. Por otro lado, recibimos apoyo de parte de investigadores que encontraron efectos similares, explicando así abortos naturales y desastres en las faunas autóctonas”, explica Seralini.

    Con un mercado concentrado y una facturación sideral, la industria transgénica es denunciada por su poder de incidencia con quienes deben controlarla. Hasta la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos (el ámbito de control competente) es acusada de haber cedido a sus presiones. En agosto de 2006, líderes sindicales de la EPA acusaron a las autoridades del organismo de ceder ante la presión política y permitir el uso de químicos perjudiciales. “Se corren graves riesgos en fetos, embarazadas, niños y ancianos”, denunciaban. La EPA había omitido estudios científicos que contradecían los patrocinados por la industria de los pesticidas. “La dirección de la EPA prioriza la industria de la agricultura y los pesticidas antes que nuestra responsabilidad para proteger la salud de nuestros ciudadanos”, finalizaba el comunicado.

    Seralini remarca el poder económico de las agroquímicas y recuerda que las ocho mayores compañías farmacéuticas son las ocho mayores compañías de pesticidas y de OGM, entre las que Monsanto tiene un papel protagónico. Por eso reclama la realización urgente de test sobre animales de laboratorio durante dos años, como –según explica– sucede con los medicamentos en Europa. “Hay un ingrediente político y económico en el tema, claramente, donde las compañías están detrás”, denuncia. Se reconoce un obsesivo del trabajo, advierte que desde hace una década analiza a diario todos los informes europeos y estadounidenses de controles sanitarios de OGM. Y no duda: “Los únicos que hacen test son las propias compañías, porque son ensayos carísimos. Las empresas y los gobiernos no dejan ver esos trabajos. Esos estudios debieran ser realizados por universidades públicas y debieran ser públicos”.

    “Llevo 25 años trabajando sobre las perturbaciones de los genes, de las células y de los animales provocadas por medicamentos y contaminantes. Advertimos el peligro existente y proponemos estudios públicos. Pero en lugar de profundizar estudios y reconocernos como científicos nos quieren restar importancia académica llamándonos ‘militante ambientalista’. Tenemos claro que el ataque proviene de empresas que, si se hacen los estudios, deberán retirar sus productos del mercado”, denuncia Seralini, que en la actualidad advierte sobre el efecto sanitario no ya de los agrotóxicos, sino de los alimentos transgénicos y sus derivados. Recuerda que con el maíz transgénico (también tratado con Roundup) se alimentan los animales que luego come la población (pollos, vacas, conejos y cerdos) y explica que todos los productos que contienen azúcar de maíz (salsas, caramelos, chocolates y gaseosas, entre otros) deben ser objeto de urgentes estudios.

    “Llevamos años trabajando sobre la toxicidad de los principales contaminantes. Hemos confirmado que el Roundup es también el principal contaminante de los OGM alimentarios, como la soja o el maíz transgénico, lo que puede conllevar a un problema de intoxicación de los alimentos a largo plazo.” La afirmación de Seralini va en sintonía con las denuncias de centenares de organizaciones sociales, urbanas y rurales, y movimientos internacionales como la Vía Campesina (colectivo internacional de campesinos, indígenas, sin tierra y trabajadores agrícolas), que exigen alimentos sanos.Fuente: Pagina12.com.ar

    Glifosato y Roundup: Muerte por Envenenamiento Múltiple


    Las formulaciones Roundup son cócteles letales

    Las cuatro formulaciones de la línea Roundup son mezclas de glifosato con diferentes coadyuvantes. (Un coadyuvante es una sustancia “auxiliar” que se agrega para aumentar la efectividad del ingrediente activo). Las formulaciones Roundup son en la actualidad, y de modo creciente, los herbicidas no selectivos más vendidos a nivel mundial, ya que más del 75 por ciento de los cultivos genéticamente modificados (GM) son tolerantes al Roundup. El Glifosato y su principal metabolito, el ácido amino-metil-fosfónico (AMPA), son importantes contaminantes de los ríos. Los coadyuvantes, a menudo no medidos en el medio ambiente, habitualmente se consideran “inertes” y son protegidos como secreto comercial por la industria manufacturera. Entre ellos, el predominante es el polioxietileno – amina (POEA). El POEA se utiliza como surfactante* en las formulaciones Roundup para mejorar la solubilidad y la penetración en las plantas.

    Los ensayos se realizaron en tres líneas celulares humanas: la línea celular primaria HUVEC, derivada de epitelio de cordón umbilical humano, la línea celular embrionaria 293 derivada de riñón humano, y línea celular de placenta JEG3. La totalidad de las células murieron dentro de las 24 horas de exposición a las formulaciones Roundup.

    Las formulaciones Roundup (R) contienen diferentes cantidades del ingrediente activo glifosato: Roundup Express, 7,2 g / l (R 7.2); Roundup Bioforce, 360 g / l (R 360); Roundup Grand Travaux, 400 g / l (R 400) y Roundup Grand Travaux Plus, 450 g / l (R 450). Estas formulaciones fueron comparadas con glifosato (G), AMPA, y POEA. Todas las formulaciones Roundup en estudio, así como los componentes químicos individuales, fueron probados en concentraciones de 10 ppm (partes por millón) al 2 por ciento (el nivel recomendado para uso agrícola), lo cual significa que las formulaciones Roundup fueron diluidas hasta 100 000 veces o más.

    Los investigadores encontraron que la presencia de los otros componentes químicos en las formulaciones Roundup, tales como el POEA, en realidad amplifican los efectos tóxicos del glifosato. Los niveles de toxicidad de las formulaciones Roundup no fueron proporcionales a la cantidad de glifosato que contienen, y es muy probable que se deban al POEA y algún otro ingrediente(s) secreto, presentes en todas las formulaciones. El POEA por sí solo es mucho más tóxico que las formulaciones Roundup, mientras que el AMPA es más tóxico que el glifosato.

    Blancos múltiples en la toxicidad

    Los investigadores ensayaron los efectos de las formulaciones Roundup (Rs), glifosato (G), AMPA y POEA en tres objetivos blanco que podrían provocar la muerte de la célula: daño a la membrana celular, envenenamiento de la mitocondria (lugar del metabolismo energético), y muerte celular programada que resulta en la fragmentación del ADN del núcleo de la célula. Midieron los marcadores enzimáticos específicos a diferentes concentraciones para cada daño después de 24 h de exposición, y también obtuvieron imágenes de los cultivos de las células bajo microscopio.

    Todas las formulaciones R, así como el G, causaron la muerte de las células; los resultados fueron los mismos para todos los tipos de células humanas, pero a diferentes concentraciones. Así, el R 400, la formulación más tóxica, produjo la muerte de todas las células a 20 ppm, lo cual equivale a 8 ppm en G. Sin embargo, el G solo, en concentraciones de 4-10 ppm, no resulta tóxico; su toxicidad se inicia en torno al 1 por ciento (10 000 ppm), y no está conectada con la membrana celular. Las formulaciones R dañan la membrana de la célula, y también envenenan la mitocondria. En contraste, el G envenena la mitocondria sin dañar la membrana celular.

    Contra lo esperable, la formulación R 400 es más tóxica que R 450; esta última en cambio es más nociva que R 360, R 7.2 y G. Sin embargo, las respectivas toxicidades no fueron proporcionales a la concentración de G presente. El poder letal en las células de R 7.2 resultó casi el mismo que el de R 360, y estos resultados fueron consistentes a lo largo de todas las líneas celulares. Esto sugiere que otras sustancias desconocidas están involucradas en los efectos tóxicos.

    Así, el AMPA y el POEA también producen muerte celular por intoxicación de la mitocondria y daño a la membrana celular. El surfactante POEA es tan potente que empieza a dañar la membrana celular en HUVEC y envenena las mitocondrias en 2 93 y JEG3 a dosis de 1 ppm. Las formulaciones de Roundup son más tóxicas que el G o el AMPA. El metabolito AMPA por sí solo destruye la membrana celular, sin embargo, el G no hace esto, aunque es 3 a 8 veces más tóxico para la mitocondria que el AMPA. Pero, como el daño a la membrana celular es más grave para la célula, el AMPA es más tóxico que el G, mientras que el POEA resulta el más nocivo de todos.

    ¿Qué ocurre cuando se combinan estos ingredientes?

    Los investigadores encontraron que para las células HUVEC y 293, las combinaciones de G y POEA, de G y AMPA, de AMPA y POEA fueron más tóxicas que la misma concentración de los ingredientes considerados en forma individual.
    Para la muerte celular programada, la acción es más rápida. Las enzimas marcadoras se activan a partir de las 6 horas de exposición, con un máximo de 12 h en todos los casos. La línea HUVEC es 60-160 veces más sensible que las demás líneas celulares; G y R 360 son eficaces exactamente a la misma concentración, a partir de 50 ppm. Los coadyuvantes no parecen ser necesarios. El G individualmente considerado es un 30 por ciento más potente aquí que los Rs; actuó rápidamente en concentraciones 500 -1 000 veces más bajas que las de uso agrícola.

    Prohibición de cultivos transgénicos tolerantes a Roundup

    Estos últimos estudios confirman la copiosa evidencia acumulada sobre la toxicidad del glifosato y de las formulaciones Roundup [2] (Glyphosate Toxic & Roundup Worse, “El glifosato es tóxico y el Roundup lo es más”, SiS Nº 26), y determinan los diferentes sitios de acción, todos los cuales resultan en muerte celular. Diversos estudios epidemiológicos anteriores habían vinculado al glifosato con abortos espontáneos, linfoma no -Hodgkin y mieloma múltiple. Estudios de laboratorio han demostrado que el glifosato inhibe la transcripción en los huevos de erizo de mar y retrasan el desarrollo. Una breve exposición a glifosato en ratas causó daño hepático, y la adición del surfactante en el Roundup tuvo un efecto sinérgico, causando mayor daño en el hígado. También se encontró que el Roundup es mucho más letal para las ranas que para las malas hierbas, y que podría haber contribuido a la desaparición mundial de anfibios producida en las últimas décadas [3] (Roundup kills grogs, SiS Nº 26).

    Exigimos una nueva revisión de la normativa sobre glifosato y Roundup en 2005 [2]. Hay ahora fundadas razones para su restricción, si no para un retiro progresivo del glifosato y del Roundup; en primera instancia, mediante la prohibición de la liberación de cultivos transgénicos tolerantes a Roundup en todo el mundo. Por la misma razón, no se debe aprobar ningún nuevo cultivo transgénico tolerante a Roundup para lanzamiento comercial.

    Referencias

    1. Benachour N. y Séralini G-E. Glyphosate formulations Induce Apoptosis and Necrosis in Human Umbilical, Embryonic, and Placental Cells. Chem. Res. Toxicol. , 2009, 22 (1), págs. 97-105
    2. Ho M. W. y Cummins J. Glyphosate toxic and Roundup worse, Science in Society Nº 26, 12, 2005. http://www.i-sis.org.uk/GTARW.php
    3. Ho M. W. Roundup kills grogs, Science in Society Nº 26. 13, 2005.
    El original en inglés de este artículo se puede leer en: ISIS
    * N. de la T.: Un surfactante es una sustancia que disminuye la tensión superficial de la interfase aire-líquido, facilitando la penetración de un determinado producto.

    Traducción: Gladys Guiñez para Acción por la Biodiversidad

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